¿Comes por ansiedad?

¿Por qué cuando estás estresado, triste, agobiado o simplemente tienes “un mal día” recurres a la comida para consolarte?
Son muy frecuentes este tipo de conductas, y se dan sobre todo en mujeres entre 30 y 50 años, y a las últimas horas del día.
Por un lado se debe a que cuando estamos estresados nuestro organismo libera varias hormonas que tienen como objetivo ayudarnos a seguir adelante (hidrocortisona, cortisol, adrenalina y noradrenalina). Estas hormonas son también las que favorecen la acumulación de grasa en la zona abdominal, que además, es la mas peligrosa a efectos metabólicos. Por ello nuestro cuerpo nos impulsa a consumir más alimentos calóricos, pues necesita más combustible para poder mantener esa situación.
Por otro lado está el hecho de que existe una necesidad de llenar un vacío emocional, aportar algo que nos de placer, ¡Aquí y ahora!, y los alimentos siempre están cerca…
pero el enigma esta en …..¿Por qué el cuerpo te pide lo que más engorda? Pues la respuesta es muy sencilla, estos alimentos son más placenteros, son como un premio….por un mal día en el trabajo, carencias afectivas, duelo no superado, inseguridades, soledad… y te consuelan. ¡Vaya si lo hacen!. De hecho, comemos ésto y lo otro, (pues no somos capaces de controlar lo que ingerimos)….y comemos más y más (pues no somos capaces de parar aunque no tengamos hambre). Lo malo es cómo nos sentimos después…
Más deprimidos, con un gran sentimiento de culpa, sensación de pérdida de control, dormimos mal……. y al día siguiente……¡La báscula!…
La báscula nos recuerda el festín del día anterior y nos hace empezar el día de un humor de perros….
A todos nos ocurre que un día o durante una temporada puntual nos apetece un poco de chocolate o unas gominolas. Esto no tiene mayor importancia, pero si esta situación pasa a ser habitual y empiezas a desarrollar una dependencia del dulce o alimentos calóricos, te sientes dominado por la comida y esto se repite con una frecuencia de 2 o 3 veces a la semana, durante 3 meses, puede tratarse de un desorden alimenticio, que recibe nombres como “trastorno del atracón”, “comer por ansiedad” o “hambre emocional”.
La diferencia con la bulimia es que la persona que lo sufre no utiliza conductas compensatorias (vómito autoinducido, laxantes y/o diuréticos, ayunos…), pero las consecuencias son sobrepeso, obesidad y sobretodo depresión, ansiedad, irritabilidad….ya que se entra en un círculo vicioso de “sueño con adelgazar y vivo para comer”.
Si te sientes identificado con este “Síndrome de Bridget Jones”, lejos de quitarle importancia, hay que ponerle freno antes de que desencadene en trastornos más graves.
Comer es una conducta necesaria para el funcionamiento de nuestro organismo: elegimos los alimentos, los cocinamos, combinamos, preparamos según nuestros gustos, necesidades, gasto energético…pero también es un placer.
Debemos aprender a comer “ con cabeza”, disfrutar comiendo pero no comer para disfrutar, y tener control de lo que comemos, porque es la gasolina que le damos a nuestro cuerpo y lo queremos hacer lo mejor posible.

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